Carné de lector

La Marmota Mecánica

Desde que tengo uso de razón y aprendí a leer, leo. Desde que me recuerdo, siempre me he visto con algo para leer en mis manos. Pillaba para leer todo lo que encontraba: folletos, libros de diversos tamaños o incluso las etiquetas de los champús. En el colegio me gustaba coger alguno de los libros que había en el aula y ponerme a leerlo. Todavía recuerdo disfrutar con lecturas como los cuentos de los hermanos Grimm o el jardín secreto. O, incluso una versión de la bella durmiente que poco tiene que ver con lo que nos ha vendido Disney.

En el instituto todo el mundo me conocía por llevar siempre un libro en las manos. Los profesores se asombraban de encontrar a alguien que le gustara leer. Mis compañeros me consideraban la rara. Una de las preguntas que me hicieron fue precisamente, «¿cómo te puede gustar leer?»

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